• Nathalia Paolini

Carta desde el naufragio


Hoy me he levantado a las 8:30, le he dado comida a mi gato, he hecho estiramientos para mi espalda, he tomado un café y he encendido el ordenador para ocuparme de algunas cosas. De pronto recordé que tuve un sueño donde se me había caído todo el pelo de la cabeza, mejor dicho, se me había caído una parte y la otra me la rapé.


Últimamente estoy teniendo sueños muy potentes. Jung decía que " la función principal de los sueños es intentar establecer nuestro equilibrio psicológico" bueno, menos mal.


En éste tiempo absurdo, donde se habla constantemente de conexión con uno mismo, de introspección un poco apurada por la soledad. De distancias personales, de reinvención y de la búsqueda de sentido ante un cambio que ha venido como una avalancha de incertidumbre, miedo, rabia, indignación y mucho cansancio; es completamente normal sentir que perdemos el pelo, la cabeza y otras partes del cuerpo.


La mayoría estamos viendo seriamente comprometidas nuestra estabilidad y la de nuestras familias. Mientras el mundo sigue girando, ajeno, un poco indiferente.


Ante todo éste mar revuelto tendemos a sujetarnos de la primera cosa que parezca una tabla de salvación, sin pensar demasiado en que lejos de salvarnos puede transformarse en otro obstáculo que superar.


Tomar decisiones entre tanto ruido no es una tarea fácil y es bastante probable que nos equivoquemos. ¿ Quién sabe realmente lo que hay que hacer? ¿Cómo hay que hacerlo?

¿Cuál es la respuesta correcta?


Sigue siendo la vieja búsqueda de sentido de la vida , aderezada con altas dosis de zozobra constante y pérdida del control.


La pandemia dio paso a una mirada nueva sobre nuestros estilos de vida hiper productivos y la necesidad de cambio. En otros casos fue una catástrofe porque sin trabajar no hay ingresos, ni casa, ni comida. Las consecuencias no se pueden medir con un sólo parámetro. Nadie puede juzgar lo que no puede ver (y a veces ni viéndolo).


Dentro de mí se enciende el instinto de huir, pero tampoco hay muchos lugares para hacerlo. He huido de un país o de una ciudad cuando las circunstancias no resultaban favorables, pero ¿ en dónde lo son hoy en día?.


Me pregunto qué hacer y la respuesta que encuentro es: "no te lo hagas más difícil de lo que ya es" mira lo que tienes, lo que siempre ha estado.


Y es verdad, ahí sigue . Una tabla de salvación hecha de partes diferentes pero unidas con un pegamento a prueba de naufragios. A veces parece que se hunde irremediablemente ( y yo con ella) pero vuelve a flotar. A veces cuando resurge, me da en la cara y me rompe la nariz, pero no deja que me ahogue.


Se llama Arte.


Todos tenemos una tabla de salvación personal. A veces es la fe, dios, la familia, los hijos, un sueño incumplido o uno materializado, un talento especial para algo, el ayudar a otros, el dinero - bueno esto en realidad nos salvaría a casi todos- o el trabajo ( la acción de trabajar, no uno en concreto)


En medio del remolino, busquemos nuestra tabla, aferrémonos a ella. Puede que lleguen otras tablas y quizá ayuden, pero la es la nuestra, la que nos ha acompañado en varias ocasiones, llena de tajos, remaches y un poco astillada, la que conseguirá ponernos a flote.





“No es hasta que estamos perdidos que comenzamos a comprendernos a nosotros mismos”.

– Henry David Thoreau


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