• Nathalia Paolini

Lo que una niña quiere


La semana pasada vi la polémica película Mignonnes/Guapis/Cuties. La vi sin prejuicios y sin expectativas, a ver que pasaba.


Normalmente cuando salta una noticia sobre alguna polémica, mi primer pensamiento es dudar de las masas. Lo siento, es algo casi involuntario. Me gusta ver primero de qué se trata y opinar por mi misma.


La película nos trae a un grupo de niñas de 11 años que quieren verse mayores y dicen que tienen 14. Pero no engañan a nadie, son niñas. Les gusta ver a los chicos, tienen esa curiosidad del despertar sexual. También les gusta bailar y quieren ganar un concurso donde sus principales rivales son unas adolescentes ya desarrolladas y bien puestas. Lo que las niñas quieren llegar a ser.


A la escuela entra una niña musulmana, que las mira con sorpresa ante las cosas que las niñas hacen. Se sorprende y lo desea a la vez. Ellas la rechazan, le hacen un poco de bullying. Luego una de ellas la acepta y la hace parte del grupo, las demás reniegan pero aguantan.


La madre de la niña musulmana está triste porque su marido se ha casado con otra mujer y la llevará a vivir a su casa, la poligamia sólo posible para el esposo, evidentemente. La madre sufre pero no puede reclamar nada al marido. La niña se da cuenta, rechaza al padre. Rechaza a una tía que le dice que le enseñará a ser mujer y le entrega una bolsa de cebollas para pelar y cortar que se utilizará en el banquete de boda de su padre. La tía también le cuenta cómo a ella la casaron y le desea el mismo destino, más ahora que le ha venido la regla y "ya es una mujer" La niña no quiere eso, obviamente.


Tras robar un móvil, la niña musulmana empieza a ver vídeos de mujeres bailando de manera sexual y propone éste baile a sus amigas. Las niñas lo hacen y con ese baile clasifican para el concurso, el jurado obviamente son personas adultas a que les pareció bien.


La niña empieza a rebelarse, usar otra ropa a escondidas de su familia, comportarse de otra manera fuera de casa. Se abre una red social donde publican los vídeos de baile sexy y tiene millones de visitas y likes, son aceptadas porque son sexys. Flipan.


En un momento las adolescentes del otro grupo hacen algo que deja en evidencia que son niñas y la chica musulmana responde de manera insólita, mostrando al mundo sus partes íntimas. Las redes enloquecen, comentarios obscenos por parte de compañeros de clase, etc. Es una guarra, una puta.


Las otras niñas, sus compañeras, la rechazan. Ella se queda sin baile y sin posibilidad de escapar de su vida en la que está reprimida por la religión y las normas impuestas por su cultura: una mujer está en casa, tiene hijos, reza, cocina y aguanta.


He aquí que la niña a sus once años repite el estereotipo que nos han metido hasta por los poros a todas las mujeres del mundo: O ERES SANTA O ERES PUTA.


A mi modo de ver es una tremenda hipocresía concentrarse sólo en la hipersexualización de las niñas de once años y no querer ver que del otro lado también se le trata como un objeto. Una mujer no decide, obedece a su marido, a su familia a su dios. No tiene derecho a ser quien quiere ser. A hacer lo que le plazca.


La película está muy bien dirigida y la polémica envilece un buen trabajo de guión y dirección. Puede que no nos guste ver a esas crías moviendo el culo y haciendo poses hipersexuales- para muchos rayando en la pornografía infantil- pero tampoco debería gustarnos ver como a una niña de 11 años la meten en una cocina porque eso es ser mujer. Una mujer como su madre, que tiene tres hijos y ha de aguantar que la nueva esposa de su marido duerma con él en el cuarto de al lado, que ella misma arregló a tal efecto.


El final de la película puede ser un poco naif y apresurado. La niña reacciona y abandona por el momento el mandato cultural de ambas partes, no soy ésto y tampoco ésto, soy quien quiero ser.


Pero la pregunta es ¿por cuánto tiempo podrá ser libre?




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